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Acción de gracias por los 25 años de sacerdote

Al dar gracias este día por 25 años de ministerio Presbiteral soy consciente de la gran desproporción que existe entre la grandeza del don y la dignidad del enviado, como le he oído a nuestro Obispo.

Permitidme utilizar la expresión del Beato Álvaro del Portillo que ha sido un ejemplo y especial intercesor y, de quién recibí la bendición 15 días después de mi ordenación: Gracias perdón ayúdame más.

Gracias

Gracias a Dios por el regalo de la vida la fe y una familia que me hizo comprender y valorar estos dos tesoros. Vivimos para el Amor y el vivir en una familia generosa y creyente te hace crecer sin darte cuenta de su grandeza en una Alegría que tiene su raíz en la entrega amorosa y el sacrificio.

Gracias a quienes confiaron en que podría ser algo, así amigos y profesores, sacerdotes y formadores a pesar de mis rebeldías, perezas, gamberradas, consiguieron que descubriese la Vida en mayúscula.

Y si ellos se fiaron de mí por ver algo más que un gamberrete, cuanto más los obispos que me confirieron la grandeza de este don del que ahora doy gracias, los dos ya en el Cielo, don Ángel Suquía  que me ordenó diácono y nuestro primer obispo don Francisco José Pérez y Fernandez Golfín presbítero.

Gracias a las comunidades e instituciones en que se me ha confiado servir: las parroquias todas de Nuestra Señora, de la  Asunción de Valdemoro, de la Anunciación de Fuenlabrada y de la Saleta en Alcorcón y ahora de un gran devoto de Nuestra Señora San Simón de Rojas; del Colegio Santa Elena y Arenales donde sigo; del Hospital de Mostoles y Residencia de Ancianos de Villaviciosa de Odón y; de los voluntarios y socios de Manos Unidas y Legión de María. En todas estas realidades sigo dando gracias a Dios por la posibilidad de encontrar y servir a gente fantástica y compartir los retos de hacer descubrir al mundo de hoy que otra vida es posible con la Gracia de Dios. Con vuestro ejemplo y entrega, sois un estímulo para buscar la santidad que yo mismo os propongo. (prueba de ello la ilusión y cariño puestos en esta celebración)

Gracias a los sacerdotes y compañeros que he tenido de los que siempre he aprendido y aprendo, como ahora don Fernando, y; especialmente a los directores del Opus Dei que pacientemente me han atendido y atienden en mi Vida espiritual.

Perdón

No os voy a mostrar mis pecados de los que soy consciente en gran parte pero si se que os merecéis un párroco, servidor y hermano que muchas veces por precipitación, descuido o no saber no he correspondido como merecéis.

Perdón Especialmente a aquellos que por lo dicho se han sentido defraudados por Dios o la Iglesia al no recibir el trato esperado y merecido.

No puedo pediros perdón por ser el cura de las tres ces, calvo, catalán y culé pués son mi identidad. A alguno le podrá molestar no me cabe duda, si puedo pedir disculpas por no disimularlo por caridad.   Por todo ello pido a Dios y a vosotros

Ayudame más

Pues aún queda mucho por hacer para hacer seguir creciendo el Reino de Dios entre nosotros, son muchos los niños, jóvenes, familias que no conocen la Alegría de servir a Cristo. Que sufren en sus hogares y en tantos sitios sin tener una mano amiga a la que agarrarse.

Ayudarme a descubrir a los jóvenes que se puede ser feliz entregando la vida -el Señor y Nuestra Madre premian con alegría desbordante-; a los adultos la gozada de ser fieles a los compromisos adquiridos, y; a todos  que la Iglesia es una gran Familia en la que se nos quiere no tanto por lo que tenemos sino por la grandeza de ser llamados Hijos de Dios. Y Por ello miramos a los hombres como hermanos con los que reímos y lloramos y más, si no son capaces de elevar los ojos para rezar a un mismo Dios que se nos entrega en cada Eucaristía, que sale a nuestro encuentro para perdonarnos en cada Confesión -multiplicándose la alegría en el Cielo-, y ofreciendo el consuelo y el regazo de una Madre en sus penas y tristezas que compartiéndolas las hace más llevaderas hasta su desenlace final en el Paraíso.

Ayudarme con la oración y sacrificio y no me cabe duda de que Dios nos seguirá premiando con bendiciones para que seamos más y mejores los hijos de su Iglesia, y quizá con un templo más grande, que con vuestro cariño y ejemplo se queda pequeño para contener el corazón de este sacerdote que hacéis crecer día a día. Dios os bendiga, y que podáis decir siempre con san Pablo para mí el vivir es Cristo sin quitar los ojos de Nuestra madre a la que san Simón nos ayuda a saludar Ave María.

Recibid con mi gratitud y suplica mi bendición.

Enhorabuena por Bautizos y Boda de Abril

Damos la especial enhorabuena por su incorporación a la Iglesia mediante el Bautismo en este mes de abrril a:

Álvaro Llamas García el 15 en la Solemne Vigilia Pascual en la Catedral de Getafe

Malí Centenero Gómez el 22 de abril

a Malí y Alvaro, así como a los padres, familiares y amigos, como a todos en la parroquia, Muchas Felicidades.

Y por sus 50 años de matrimonio el día 29, a Bernardo y Elena como a toda su familia Muchas Felicidades.

 

La Luna y el Huevo nos llevan al Infinito

La primera Luna llena tras el equinoccio de primavera marcaba a los judíos la Fiesta de la Paresceve que ellos enmarcan el primer mes del año (Ex 12,2), denominado en hebreo Nisán(=brote), porque en el fue liberado de la esclavitud de Egipto, cuyo culmen fue el paso milagroso  del mar Rojo. La Luna que marcaba un cambio de tiempo significaba para ellos una Nueva Era: la de la libertad para vivir como Pueblo de Dios.

La Pascua Cristiana, le da a esa fecha un nuevo sentido pues con la muerte y resurrección del Señor nacemos a la vida eterna al ser liberados del pecado que nos impedía su acceso. No se nos abre un nuevo tiempo sino una nueva Vida que queda bien simbolizada en el famoso Huevo de Pascua.  Nacemos por el Bautismo, nuevo paso por las Aguas, a la vida de Hijos de Dios y por ello herederos del Cielo. Esa vida germinando significa para nosotros no solo una vida más sino la Vida por excelencia, y así escribe san Juan al final de su Evangelio: “éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre” (Jn 20,31).

Ahondemos en esta cincuentena Pascual lo que Jesús explica estos días a sus discípulos en las apariciones, “ ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? “(Lc 24,226)y así redescubramos en núcleo de nuestra Fe. Cristo ha resucitado para llevarnos con El al Infinito de su Amor y Misericordia haciéndonos a nosotros partícipes de su misión y destino.

A Santa María, Reina del cielo, acudamos para gozar de su compañía y si nos desviamos, por ella volveremos al Señor pues la invocamos como Vida, dulzura y esperanza nuestra.                     Feliz Pascua y que Dios os bendiga.

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